Passes by

Le conocía desde hacía ya años, bastantes años, básicamente, una década. El hecho de compartir ciertas inquietudes, leer cosas parecidas, escuchar música casi idéntica y quizá ver cine similar había provocado que el uno con el otro tuvieran cierto fluir, cierto interés. Con el paso de los años había advertido en él que, cada vez más, parecía que iba disminuyendo esa serie de motivos por los que saltaba de la cama – gesto de por sí valiente, hay que decirlo. La rigidez se iba imponiendo a la flexibilidad; las cosas eran como eran y, cada vez menos, tenía capacidad para abrir un poco más el abanico de elasticidad. Parecía que ciertos sentimientos, en su día dejándolos campar a sus anchas, ahora los aniquilaba en cuanto los notaba apenas diez segundos. El trasfondo de esto, quizá, era una insatisfacción con su tren de vida.

El hecho de no exponerte a determinados riesgos, no estar dispuesto a sumergirse en desafíos que no estén arropados bajo un ciento por ciento de seguridad y certeza tiene como consecuencia la apatía, el aburrimiento, el sin sentido y, si uno de por sí está acostumbrado a tener normalmente la razón, que se dispare la rigidez.

Cada vez que le veía se le cruzaba un pensamiento por su cabeza: ¿Y si?

Algunos intentos, cogidos a mal tiempo, habían dado la sensación de que era algo imposible, de que parecía producirse ese rollo de personalidades incompatibles. El uno, tirando a pasivo. La otra, tirando a activa. En un mundo en el que, desde que la humanidad es moderna, se tiene esa necesidad de categorizar y encajonar cada uno de los fenómenos para poder dormir tranquilo por las noches, caer en ese tipo de casuística para poner límite y traba a las cosas era la norma.

Mientras tanto, todo el mundo se hace viejo, está más cansado y quizá asuma que ciertos fuegos sólo están condenados a apagarse precisamente por no haber querido inmiscuirse de lleno en ellos.

¿Y si? Ella, a su modo también rígida, se había rendido a la categoría que le había proporcionado a la personalidad de él, como límite – Demasiado pasivo con la vida, conmigo; está, finalmente, desinteresado…

Existe un lugar, un espacio físico invisible en el que pueden unirse todas las categorizaciones entre dos personas. Las buenas, las malas; todo en uno, dejar que la risa se produzca y, con ella, venga asumir que así es, y así debe ser si algún fruto pretende salir de esa tierra.

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