Click.

Añadir nueva entrada.

Introduce el título aquí.

Comienzas a teclear y los bordes de la página desaparecen, dejándote un espacio blanco mucho más limpio para, intuyo, favorecer la desconexión e inspiración. Ja. Todo eso viene cuando no tienes dónde escribirlo. Cuando estás a otras mil cosas que harán que se te olvide todo eso que realmente quieres decir. Y así…

Tiene gracia, porque mientras tecleo lo que sea que salga de aquí y que probablemente se quede en la carpeta de borradores escucho una lista de reproducción que viene de un cd que me dio un tipo del que a los treinta días no quise saber más, por aquello de un ego que no le cabía en el cuerpo y una falta de contacto con aquello que veía y le decía el resto de seres humanos del planeta. Sin embargo, tenía – y, supongo, tiene – un gusto musical que hacía que el mío se expandiera, y bueno, mira, no hay mal que por bien no venga. El cd en cuestión tiene canciones absolutamente variopintas, pero deliciosamente bien escogidas. Habrán pasado cuatro años y sigo poniéndolo. Well done, boy.

También, cada vez que paso por el salón, deshaciéndome en ese instante del piloto automático, me fijo en el reloj derretido de la estantería. El reloj del cuadro de Dalí, hecho reloj de carne y hueso. Me lo regaló esa persona con la que convives seis meses y la relación es un auténtico estallido del buen in crescendo. A pesar de que casi dos mil kilómetros de distancia estaban destinados a hacernos ver que aquello daba de sí lo que daba, me dejó una sorpresa en medio de un cúmulo de detalles que, cuando otra persona me la entregó, me tuve que sentar diez minutos a respirar y cavilar. El reloj derretido del cuadro de Dalí y una carta escrita a mano.  (…) For the time we spent together, the great memories, the endless conversations until after the sun comes up and the general loss of time you made me experience while I was with you.

Cada día me reafirmo más y más en que, por todas las razones del mundo aplicadas en todos los ámbitos que se te ocurran, al final la clave es el momento y el lugar. Es decir, las circunstancias. Tú no eliges cuándo te pasa lo bueno ni tampoco eliges cuándo te pasa lo malo. Puedes hacer malabarismos y romperte el cuello para favorecer tanto lo uno como lo otro, pero al final queda ese porcentaje de lo que no controlas. Quizá sea estúpido, quizá sea insensato, quizá sea completamente ilusorio, pero tengo ganas de que vuelva a ser el momento y el lugar. Y a veces hay que agarrar las cosas con tanta, tanta fuerza…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s